lunes, 12 de enero de 2009

Prevención

Aparecido en el suplemento de salud del Mundo el sábado 10 /01/2009

Nos parece muy interesante este articulo sobre todo para que sirva de información a la población en general .
PREVENCIÓN
Las úlceras por presión, la epidemia del mayor encamado
La inmovilidad genera escaras en el 8% de los pacientes hospitalizados en España. El control de este problema se convierte en un indicador de la calidad asistencial.
ISABEL PERANCHO
Cambiar, cambiar, cambiar. Esta es la melodía que se oye cada jornada en muchos centros sanitarios españoles que se han propuesto como objetivo acabar con la epidemia de las úlceras por presión, las lesiones cutáneas que se localizan en las zonas de prominencia ósea debido a la inmovilidad que caracteriza la estancia hospitalaria. La mejor medida para prevenir esta complicación es evitar la presión continuada sobre el mismo área mediante un cambio postural. Éste debe realizarse cada dos o tres horas.
Pero no es la única. En las unidades de cuidados críticos, una de las áreas del hospital más castigadas por este problema, se intenta aliviar con sofisticados colchones que alternan el aire y cada 10 minutos cambian la presión en distintos puntos del cuerpo. El coste de los mejores supera los 6.000 euros. Taloneras de espuma, calcetines gruesos para evitar la fricción, apósitos específicamente diseñados, hidrogeles... Toda innovación es poca para hacer frente a una complicación muy prevalente cuya incidencia no acaba de mejorar en el tiempo.
FRECUENCIA
Al menos, así lo indican los resultados de la última encuesta realizada por el Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP), publicados en 2007. Como reconoce Carmen Blasco, enfermera del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y miembro del comité directivo de esta organización, la frecuencia de las escaras se ha modificado poco entre 2001 y 2005. En los hospitales de agudos, la tasa de afectados es del 8% y en los centros sociosanitarios, (como residencias de mayores y de convalecencia) del 6%. «Son cifras aceptables», matiza Blasco.
Los sondeos han permitido conocer la situación en los centros nacionales y adoptar pautas de tratamiento y de prevención. Porque las úlceras por presión han pasado de ser consideradas un problema banal e inevitable a un indicador de calidad debido a su gran impacto económico tanto por el consumo de recursos humanos como materiales. «Aplicando las medidas adecuadas, el 95% son evitables», señala Carmela de Pablo, enfermera del Hospital Central de la Defensa de Madrid.
Se sabe que estas heridas son el doble de frecuentes en las unidades de cuidados críticos que en el resto del hospital y que también están más presentes en las áreas con pacientes geriátricos. Las zonas más vulnerables son la del sacro, el occipital (detrás de la cabeza) los talones y las caderas El principal factor de riesgo es la presión contínua sobre los capilares cutáneos, pero la inmovilidad, la edad avanzada, la incontinencia urinaria y fecal, los problemas de nutrición, sufrir dolencias como la diabetes o trastornos neurológicos predisponen a desarrollar lesiones. Igualmente, una higiene deficiente, el uso de ropa de cama inapropiada y ciertas medicaciones favorecen su aparición.
Y estas son, precisamente, algunas de las variables que los equipos de enfermería empiezan a tener en cuenta cuando un paciente ingresa en el hospital con el fin de detectar a aquellos más frágiles. Entre éstos, los de mayor edad ocupan un lugar destacado: del 50% al 70% de las escaras se presentan en personas que ya han pasado la barrera de los 70 años.
«Casi todos los hospitales cuentan actualmente con secciones especializadas en úlceras por presión y conocen los protocolos y tratamientos que hay que seguir. Gracias a las medidas de prevención, la incidencia se puede reducir entre un 30% y 40%», afirma De Pablo.
«La motivación de los profesionales para controlarlas ha mejorado mucho. En nuestro hospital todos los enfermos críticos tienen un colchón de alta gama y en la UCI hemos tenido una incidencia del 0%», apostilla Carme Ramón, coordinadora de Formación y Calidad del Consorcio Sanitario de Tarrasa, en Barcelona.
Exámenes diarios para vigilar que la piel de los pacientes susceptibles está limpia y seca; cambios posturales, anotando en qué momento se hace la rotación; vigilancia de la temperatura y la ventilación ambiental con el fin de que la piel se oxigene adecuadamente; favorecer una hidratación e higiene correctas... Son algunas de las actuaciones de choque que los equipos de enfermería desarrollan en los centros hospitalarios. «Es un sistema costoso hasta que se prepara y forma a los profesionales», admite De Pablo.
«La inversión se debe realizar en formación para prevenirlas no en los tratamientos. Cada vez se está gastando más en materiales, sin que exista un control exhaustivo», tercia Blasco.
El tema de los costes es trascendente. Resolver una lesión cogida a tiempo es relativamente sencillo y barato. Si es de grado I el precio de curarla se estima en 17 euros. Pero si se complica y avanza al grado IV, se dispara a 800 euros.
«Al tratamiento hay que añadir el alargamiento de la estancia hospitalaria, el retraso del alta y la rehabilitación, sin olvidar que puede dar lugar a una demanda judicial por parte del paciente o su familia», advierte la directiva del GNEAUPP.
TRATAMIENTOS
Un reciente artículo ha revisado, precisamente, la eficacia de las estrategias de tratamiento de esta complicación hospitalaria. El análisis, publicado en diciembre en The Journal of the American Medical Association (JAMA), no ha sido sencillo ya que, a diferencia de lo que ocurre con los medicamentos, que deben demostrar su seguridad y eficacia antes de comercializarse, los dispositivos sanitarios y otro tipo de terapias no farmacológicas no se someten a esta exigencia.
Tras desmenuzar 103 estudios sobre distintos procedimientos para tratar las escaras en más de 6.000 pacientes, los investigadores concluyen que no existe evidencia de que los colchones de presión variable sean claramente superiores y que son pocas las pruebas que apoyen que administrar suplementos, como la vitamina D u otros, mejore la cicatrización en pacientes sin déficit nutricionales. Respecto a los protectores y apósitos, ninguno es claramente mejor que otro, aunque el uso de agentes biológicos (factores de crecimiento) si parece ayudar a sanar las heridas.
El trabajo ha analizado, también, el empleo de terapias alternativas, como el láser, los ultrasonidos, la electroterapia y la terapia electromagnética. Los datos para sustentar su eficacia son pobres. Al final, los autores concluyen señalando que el tratamiento de estas lesiones es una tarea demasiado compleja como para que una sola terapia baste para tener éxito y aconsejan a los profesionales hacer una cuidadosa selección.

Los inmovilizados en casa, un grupo de alto riesgo
Muchas de las escaras que acaban en el hospital no se han originado en un centro sanitario, sino en el domicilio. La población mayor inmovilizada en casa es cada vez más numerosa. «El problema es creciente, algunos están un poco abandonados, malnutridos y reciben pocos cuidados o son inadecuados», subraya Carmela de Pablo. En la encuesta realizada por el GNEAUPP en 2001, se cifró en un 8% la incidencia de úlceras en pacientes atendidos a domicilio por la red asistencial. La incidencia bajó al 4% en 2005. La prevención de las úlceras por presión en casa no es, sin embargo, sencillo. Los cambios posturales cada dos horas son la mejor medida, pero éstos no se aconsejan si no pueden realizarlos, al menos, dos cuidadores, para evitar que se lesionen. En Cataluña, algunos centros de primaria prestan colchones a las familias y se recetan cojines para reducir la presión. También se comercializan traveseros inflables para facilitar las rotaciones. Se aconseja igualmente evitar las almohadas y cabeceros altos.

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